Quiénes somos
Llevamos más de veinte años manteniendo en pie los sitios web de otras personas. Los scripts que vendemos aquí son los que nos pidieron nuestros propios clientes de alojamiento, y contestamos el correo cuando alguno se porta mal.
Por qué se llama Rilato
En 1887 un joven oculista de Varsovia pagó de su propio bolsillo la impresión de un cuadernillo de cuarenta páginas. Lo firmó como Doktoro Esperanto — «el que espera» — y el seudónimo acabó quedándose con el idioma en lugar de con el hombre.
Ludwik Zamenhof se había criado en Białystok, un pueblo donde polacos, judíos, alemanes y rusos pisaban las mismas calles y desconfiaban unos de otros en cuatro idiomas. Llegó a la conclusión de que buena parte del problema se reducía a algo sencillo: para que dos personas se entiendan, siempre hay una que tiene que soltar su propia lengua y hablar la del otro. Así que construyó un idioma que no fuera de nadie. Regular, sin excepciones, aprendible en meses y no en años, sin país ni imperio detrás. Y renunció a los derechos sobre él en ese primer libro, para que fuera de todos desde el primer día.
Nunca llegó a ser el idioma universal. Las guerras, las fronteras y el inglés se encargaron de eso. Pero tampoco se murió: casi ciento cuarenta años después todavía hay gente que escribe en esperanto, publica en esperanto, viaja y se reúne en esperanto, y unos cuantos miles de niños han crecido hablándolo en casa. Fracasó en conquistar el mundo y, sin hacer ruido, acertó en algo más duradero: sigue vivo porque la gente lo elige, no porque a nadie lo hayan obligado.
En esperanto, rilato significa relación: una conexión entre dos cosas. Viene de rilati, relacionar. Se pronuncia tal como se escribe, ri-LA-to.
Eso es lo que son estos scripts. No son plataformas ni ecosistemas: son piezas pequeñas de fontanería que relacionan una cosa que ya es tuya con otra. El gestor de redirecciones relaciona a un visitante con la oferta que le toca. El autorespondedor te relaciona con la lista que construiste tú. Un enlace corto relaciona un nombre que elegiste con un destino que controlas. Ninguno pretende sentarse en medio de tu negocio a cobrarte alquiler; cada uno se limita a unir dos cosas que ya eran tuyas.
Y ahí está la otra mitad del asunto. La idea de Zamenhof era que no deberías tener que entregar tu propio idioma para que te entiendan. La nuestra es que no deberías tener que entregar tus datos, tu lista ni tus enlaces para estar en internet. Compras el archivo, lo pones en tu servidor, y sigue funcionando pagues o no pagues a nadie.
Un idioma que no es de nadie,
para herramientas que son tuyas.
Veinte años manteniendo sitios en pie
Empezamos en el alojamiento web, y durante mucho tiempo fue lo único que hicimos. Las primeras cuentas fueron de familia y de amigos: esa clase de cliente que te llama un domingo porque el sitio se ha caído, y al que contestas, porque es de la familia. La voz corrió como corre entre gente que se tiene confianza, y las cuentas que vinieron después llegaron por recomendación, no por publicidad. Nunca llegamos a poner un anuncio.
Del alojamiento pasamos a construir. Un cliente con una tienda necesita algo más que un sitio donde ponerla, así que empezamos también a diseñar y programar sus sitios de comercio electrónico, además de mantenerlos en línea. De ahí salieron los scripts. No de una reunión de producto, sino de clientes que contaban un problema y preguntaban si podíamos escribirles algo para resolverlo. Uno necesitaba repartir el tráfico hacia la página correcta y tener los números que demostraran cuál pagaba. Otro había sufrido un ataque y quería sus formularios y su zona de administración bien cerrados. Alguien quería enlaces cortos en su propio dominio y no en el de un desconocido. Escribimos cada una de esas cosas porque quien las pedía ya era nuestro, y estaba a nuestro cuidado.
Luego llegó la pandemia y el mundo entero se metió en internet de golpe. Tiendas que no habían vendido nunca nada por la red tuvieron que hacerlo, con prisa, y a muchas de ellas les pasaron una factura mensual por cada pequeña cosa que necesitaban hacer. Las herramientas que llevábamos años escribiendo, sin ruido, para nuestros propios clientes eran justo aquello por lo que esos negocios estaban pagando alquiler. Así que hicimos lo evidente: dejamos de guardárnoslas. Lo que era una ventaja privada de alojarse con nosotros salió a la venta para cualquiera que lo necesitara.
Escritos para clientes que ya teníamos.
A la venta para todos los demás desde entonces.
Por qué existen estos scripts
Cada uno se escribió para resolver un problema real en un sitio real, y cada uno funciona en sitios que cuidamos nosotros antes de ofrecérselo a nadie. Por eso el gestor de redirecciones va por la versión veinte. No es un producto con hoja de ruta: es una herramienta de uso diario, y usar algo es la manera de seguir encontrando lo que debería hacer mejor.
Usamos cada uno de estos
antes que nadie.
Cómo están escritos
Unas cuantas costumbres que valen para todos:
- La documentación vive dentro del archivo. Abre cualquier script y la cabecera te dice qué hace, qué cambió en cada versión y cómo se instala. Un manual en una web se queda desfasado; uno dentro del archivo no puede.
- Un solo archivo siempre que se pueda. El gestor de redirecciones, el acortador de enlaces y el split tester son cada uno un único archivo PHP. Sin Composer, sin paso de compilación, sin framework, sin nada que se pase de moda.
- Sentencias preparadas, siempre. En todas las consultas y
en todas partes. Ningún
evalen ningún sitio. - Los errores van al registro, no al visitante. Un mensaje de base de datos en una página pública le regala media credencial a un desconocido.
- Lenguaje llano en los comentarios. También en los que están en español. Están escritos para quien abra el archivo dentro de dos años, que suele ser uno de nosotros.
Este sitio
Hecho igual que los scripts: PHP escrito a mano, páginas estáticas, sin base de datos detrás del contenido. Las páginas cargan en una sola petición porque no hay nada que consultar. Está además en dos idiomas, español aquí e inglés en la raíz, porque la mitad de la gente a la que nos gustaría vender piensa en inglés.
El diseño es un guiño deliberado a las tiendas de scripts de principios de los
2000, que vendían herramientas CGI en Perl exactamente al mismo tipo de persona para
la que escribimos nosotros. Barra de menú roja, cajas a la izquierda, todo en una
página. Aquello estaba hecho de etiquetas table y esquinas en GIF; esto
es la misma forma reconstruida en CSS, para que funcione en un teléfono.
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